jueves, 5 de agosto de 2010

PASANDO LOS DÍAS

Esto del verano es como la Navidad. Cuando eres pequeño te entusiasma, quieres ver al Papa Noel, a los Reyes Magos y a hasta los pastores si hace falta. Pero cuando eres mayor la cosa ya no tiene tanta gracia (la preocupación por ser buena para que los Reyes me trajeran regalos la he sustituido por la de estirar mi presupuesto para poder comprar todos los regalos).
Algo así me pasa con las vacaciones de verano. Recuerdo julio y agosto en el camping, tooooodo el día bañándome, durmiendo y comiendo helados. Así estaba yo de recia, por cierto.
El caso es que todo ha cambiado, claro. Hoy me he parado a pensar en las cosas buenas del verano y casi prefiero que llegue ya septiembre.

He escrito:

  • Desayunar en la terraza

  • la sandía y el melón
  • las tapitas y las cervezas frías
  • la playa
  • los días, que son más largos
  • Los ángeles de Charly (siempre me pongo los viejos capítulos en las noches de verano)
  • El café granizado con una bola de vainilla
Y ya está, me he quedado en blanco, ¡estoy harta de tanto calor!